Custodia compartida o cómo descubrir que los hijos no se parten por la mitad

Agenda con calendario, mochila y dos juegos de llaves sobre una mesa

Trae causa de: una frase que llega al despacho más o menos cada semana.

—Quiero la custodia compartida. Tengo derecho a estar con mis hijos el cincuenta por ciento del tiempo.

—¿Y cómo lo organizaríamos?

—…

Ese silencio no es mala señal. Casi siempre significa que detrás hay un padre o una madre con miedo a desaparecer de la vida de sus hijos, que ha llegado hasta aquí con lo único que tenía claro: que quiere estar. El problema es que eso, que es lo más importante, todavía no es una propuesta.

Los procedimientos de custodia no reparten tiempo entre adultos. No dividen una cuenta bancaria por la mitad. Ordenan la vida de unos niños procurando proteger su interés, que no siempre coincide con el reparto que a los mayores nos parece justo. Y eso cambia completamente el enfoque de lo que hay que pedir y de cómo hay que pedirlo.

Compartida no significa semanas alternas.

Puede organizarse por semanas, por quincenas, por periodos más breves o mediante otras fórmulas. Dependerá de la edad de los hijos, de los horarios escolares, de la distancia entre los domicilios, de las necesidades médicas o educativas, de la disponibilidad real de cada progenitor y de la posibilidad de mantener unas rutinas estables.

No hay un modelo que funcione para todo el mundo. Hay uno que funciona para esos niños.

De la etiqueta al plan.

«Yo también soy su padre» o «yo también soy su madre» es verdad. Pero el juzgado necesita algo más: saber cómo va a funcionar la vida cotidiana de esos hijos concretos.

Y eso se prepara. Antes de pedir nada, conviene tener respuesta a esto:

  • Dónde van a vivir y con qué distancia al colegio.
  • Quién los lleva y quién los recoge cada día de la semana.
  • Cómo se atiende una enfermedad en horario laboral.
  • Qué pasa con los festivos, los puentes y las vacaciones.
  • Cómo y dónde se hacen las entregas.
  • Con qué red de apoyo se cuenta cuando algo se cruza.
  • Y cómo se resuelve un cambio de turno sin que haya que discutirlo cada vez.

Un plan concreto es lo que separa una petición de una solución. Cuando se pide la custodia compartida sin él, lo que llega al procedimiento parece la defensa de una etiqueta, y eso juega en contra de quien lo pide.

Compartida no es gratis.

Tampoco desaparece automáticamente cualquier contribución económica. Los hijos siguen necesitando vivienda, comida, ropa y material escolar los días que están con cada uno. Y los ingresos de los progenitores pueden ser muy distintos.

Reducir el tiempo a la mitad no divide los gastos por la mitad.

Y cuidar no es solo la parte bonita.

Esta es la que más cuesta explicar, y no va con reproche: en el juzgado no pesa quién sale en las fotos de las excursiones y de los festivales de fin de curso. Pesa quién sabe qué medicación toma, quién va a las tutorías, quién organiza los horarios, quién pone los límites y quién se levanta a atender una fiebre a las tres de la mañana.

La buena noticia es que todo eso se puede aprender y demostrar. La mala es que no se improvisa la semana antes de la vista.

La custodia compartida puede ser una buena solución. No porque sea moderna, ni porque quede matemáticamente bonita sobre el papel.

Lo será cuando funcione para esos hijos concretos.

Como siempre: información general, no dictamen.

¿Y tú? ¿Estás planteándote pedir la custodia compartida y no sabes por dónde empezar a organizarla? Os leo.

Y si quieres que la preparemos bien antes de que la pida el otro, escríbeme y lo vemos.

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